A una hora en tren de Sendai, Yamadera es un pueblo de dos calles con un templo anclado en todo lo alto. Se llama Risshakuji, es del 860 y para llegar ahí tienes que subir 1.015 escalones. Dicen que cada uno te quita un deseo mundano.
No es una escalera, es un pueblo vertical: unos treinta edificios entre cedros, musgo y rocas, y una sala roja plantada encima de un peñasco. Cada pocos escalones aparece otro: una puerta, una capilla del tamaño de un armario, un buda metido en una grieta con monedas delante. Arriba, el Godaido sobresale del acantilado y se ve el valle entero, arrozales, la vía del tren y montañas con manchas naranjas. El día estaba gris y daba igual. Los momiji sin sol tienen el color más denso.
Basho subió esta misma escalera en verano de 1689 y escribió aquí su haiku más conocido: quietud, y el canto de las cigarras que se filtra en la roca. Me gusta la idea de que el sonido no se fue, se quedó dentro de la piedra.




